Cada otoño, una diminuta ave de color azul cielo emprende uno de los viajes más largos de las aves del continente: sale de los bosques del este de Norteamérica y llega hasta las laderas de los Andes colombianos. Una de sus paradas está en San Vicente de Chucurí, en Santander, al pie de la serranía de los Yariguíes.
La reinita cerúlea (Setophaga cerulea) comparte el bosque húmedo premontano con el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), el puma, el jaguar y aves endémicas como el inca negro (Coeligena prunellei). La zona es un sitio de la Alianza para la Extinción Cero.
Creada en junio de 2005 por la Fundación ProAves, fue la primera reserva de Suramérica dedicada a proteger un ave migratoria. Hoy forma parte de un corredor de conservación que une bosques, cafetales y cacaotales a lo largo de unos diez kilómetros.


