En el sur del Huila, el Magdalena, el río de la Patria, nace en las montañas y baja ancho y tranquilo hasta que de pronto las rocas lo estrechan. En el Estrecho del Magdalena el gran río se aprieta entre las paredes y pasa por un cauce de apenas dos a cuatro metros de ancho, en un kilómetro de extensión, enardecido por la furia de sus aguas.
Es una maravilla natural del sur de Colombia, que causó admiración a los antiguos pobladores de la cultura de San Agustín, y hoy atrae a visitantes que se asoman a los miradores para ver cómo el río más importante del país se transforma en un chorro de espuma.
Una parada obligada de la ruta de San Agustín, para entender la fuerza del Magdalena justo en sus comienzos.


