A pocos kilómetros de Mocoa, donde la cordillera de los Andes se desploma hacia la selva amazónica, un sendero entra en el bosque húmedo y baja entre troncos cubiertos de musgo, helechos y raíces. Sigue una quebrada de aguas cristalinas, pasa por pozos de color ámbar y verde, y termina en un borde de roca donde el agua se lanza al vacío. Es la Cascada Fin del Mundo.
La quebrada Dantayaco la forma con una caída de unos 70 metros, a 820 metros de altitud, en un ecosistema del piedemonte amazónico donde viven aves como la tángara paraíso, monos como el bebeleche y numerosas mariposas. El recorrido pasa por la quebrada, por rocas pulidas, pozos como el Negro y el Almorzadero y por un puente natural de piedra.
Durante años fue un lugar de difícil acceso, y hoy es uno de los atractivos de naturaleza más visitados del Putumayo: una caminata en la selva que termina, como dice su nombre, donde parece acabar el mundo.


