En las montañas de Risaralda, un cerro se levanta sobre las veredas como un nudo de la cordillera: el Alto del Nudo. Allí nacen las quebradas que dan agua para el consumo doméstico y agrícola de muchas veredas y municipios de la región, entre bosques húmedos de niebla y cultivos de montaña.
Es un lugar para reencontrarse con uno mismo y con la naturaleza, para ver los escarbaderos de cusumbos, las huellas de armadillos y guatines, y para oír el canto de las aves entre árboles de zonas de bosque nublado. Sus senderos y miradores recorren una montaña viva, que aún guarda un buen estado de conservación.
El Alto del Nudo recuerda que el agua de los pueblos nace en los cerros y que cuidar el bosque es cuidar el agua.


