PÁRAMO DE OCETÁ

Reserva Natural Regional

Por encima de Monguí, un pueblo colonial de calles empedradas y basílica monumental, el camino sube durante unas tres horas hasta un mundo de niebla y de color. Es el páramo de Ocetá, uno de los más bellos del país, donde los frailejones plateados forman jardines junto a lupinos morados y senecios amarillos.

Cerca de los 4.000 metros de altitud, entre rocas cubiertas de musgos verdes, amarillos y rojos, se levanta la Ciudad de Piedra, un laberinto de callejones de paredes de unos quince metros, y una serie de picos de estratos bien definidos, como el que el explorador Andrés Hurtado García bautizó El Barco. Desde allí se ve la Laguna Negra con las cascadas que la llenan, y a lo lejos el gran páramo de Pisba.

El frailejón, que crece apenas un centímetro por año y guarda agua en su tallo, es la fábrica de agua de estas montañas. Ocetá es un llamado de la naturaleza a conservar el páramo y las fuentes que de él nacen.

ORGANIZACIÓN COLPARQUES