En el nordeste de Antioquia, donde la cordillera Central desciende hacia los valles del Nechí y el Porce, queda uno de los bosques más fragmentados y amenazados del país. Allí, a 168 kilómetros de Medellín, en el municipio de Anorí, un parche de selva húmeda sobrevive entre potreros, minas y cultivos.
Es el hogar del arrierito antioqueño (Lipaugus weberi), un ave de la familia de los cotíngidos de distribución muy restringida en el norte de Antioquia, y del tinamú negro (Tinamus osgoodi). Entre la hojarasca y las quebradas viven además siete especies de ranas vulnerables y cuatro anfibios en peligro crítico de extinción.
La Fundación ProAves creó la reserva en noviembre de 2006 y trabaja en restaurar el bosque, firmar servidumbres ambientales con los vecinos y manejar el territorio de manera compartida. Es una prueba de que la selva puede recuperarse incluso donde la minería y la deforestación dejaron su huella.


