----- Colombia ----- Un Paraíso Por Descubrir ----




   El Pacífico Colombiano, donde la selva húmeda tropical alcanza su mayor plenitud. Compuesta de acantilados rocosos en su zona norte y pequeñas llanuras en su parte sur y mas allá tierra adentro, conforma una tupida alfombra verde que cubre tierras llanas, colinas y remata en las cumbres de la cordillera Occidental de los Andes.

   Con la mayor cantidad de lluvias que se registran en Colombia, esta zona casi virgen merece bien ser conservada por su alta biodiversidad y por ser una de las zonas más hermosas de la patria.

DEPARTAMENTOS QUE ABARCA:

   Parte de Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Chocó y Antioquia.


LIMITES:

   Desde el Golfo de Urabá y la frontera con Panamá al norte hasta la frontera con Ecuador al sur, y desde la cordillera Occidental hasta el litoral Pacifico al Occidente.


EXTENSION:

   83.170 km2


PORCENTAJE DEL TERRITORIO QUE OCUPA:

   6% del territorio nacional.


SUBREGIONES:

   • Urabá: El plátano es su principal producto y Turbo el principal centro urbano.

   • Atrato y San Juan: En esta área están asentados los principales municipios del Chocó: Istmina, Andagoya, Condoto y Quibdó.

   • Baudó: Montañosa y poco poblada.

   • Pacífico sur: Tumaco es su principal centro urbano. Su vegetación está compuesta por manglares y pastos.


CARACTERISTICAS GENERALES:

   La región del Chocó comprende dos zonas geográficas bien diferenciadas. Al norte de cabo Corrientes, la serranía costera del Baudó configura un paisaje de acantilados y pequeñas ensenadas. Hacia el sur, se extiende una amplia planicie costera. La cordillera Occidental de los Andes traza su límite oriental; el Océano Pacífico, su límite occidental. Entre la cordillera Occidental y la Serranía del Baudó, se forma un valle encajonado que recorren los ríos Atrato y San Juan; es la región más lluviosa del mundo. La Serranía del Darién configura su límite norte, en la frontera con Panamá, 300 millas mar afuera, emerge el islote de Malpelo, mole de rocas de 300 metros de altura, apenas cubierta de musgos y salpicada por el rocío. A 56 km de la costa del Cauca, se encuentran las islas de Gorgona y Gorgonilla, cubiertas de selva afines a la Serranía del Baudó, y los islotes rocosos del Viudo y el Horno.

   El Chocó reúne un alto endemismo; el 88% de sus anfibios, el 47% de los reptiles. Al aislamiento de las poblaciones durante las épocas secas del Pleistoceno y su consiguiente formación de nuevas especies, se tme la aparición de muchos micro ambientes húmedos, debido a la alta precipitación.

   Desde la frontera con Panamá hasta Cabo Corrientes, la costa es acantilada y rocosa y forma muchas bahías y ensenadas, como las de Humboldt, Cupica, Solano y Utría. Los ríos son cortos porque la Serranía del Baudó, con alturas hasta de 1.000 m, con-figura la franja costera.

   En el extremo norte del Chocó biogeográfico, se encuentran actualmente algunas plantas xerófilas, que indican una marcada afinidad con los bosques secos del cinturón precaribeño. Culpo y resbalamonos, dos árboles caducifolios, constituyen ejemplos notables. Algunos autores han propuesto la existencia de un corredor árido entre Panamá y Ecuador, a través del Chocó biogeográfico, durante el Wisconsiniano. El hallazgo de fósiles de una subespecie norteamericana de león, que se encontraron en yacimientos del Perú, y la presencia de una especie de guacharaca típica de la costa seca de Ecuador y Perú, muy semejante a Ortalis garrula, una guacharaca endémica del corredor árido precaribeño y del norte del Chocó, parecen corroborar esta hipótesis, al igual que un probable desplazamiento hacia el sur de la posición actual del cinturón de convergencia intertropical, y la presencia de zonas de surgencias en aguas de la ensenada de Panamá, durante el mismo período, propuestos por otro autor.

   Entre la Serranía del Baudó y la cordillera Occidental se formó un valle que recorre el río Atrato hacia el norte y los ríos Baudó y San Juan hacia el sur. En sus selvas pantanosas se encuentra el lugar más lluvioso de la Tierra. Desde el sur de Cabo Corrientes, hasta la Tolita en Ecuador, se extiende una llanura aluvial surcada por caudalosos ríos, conocida con el nombre de Andén del Pacífico.

   Además de estar ubicado en la zona donde chocan los vientos de los dos hemisferios, el clima local del Chocó biogeográfico está influido también por la diferencia de temperaturas entre el mar y la costa y entre las tierras bajas y las montañas. El aire caliente de las tierras bajas asciende durante buena parte del día, cargado de vapor de agua. En las montañas encuentra frentes de aire frío, se condensa y se precipita en forma de lluvias, generalmente en horas de la tarde. En el valle del río Atrato se forma un sistema de circulación de aire casi cerrado, que atrapa grandes volúmenes de agua en un ciclo de evaporación, condensación y lluvias. Este sistema hídrico forma uno de los ríos más caudalosos que existen: el Atrato. También, una serie de ríos cortos y muy caudalosos: San. Juan, Baudó, Naya, Raposo, Cajambre, Dagua, Telembí, Micay, Iscuandé, Tapaje, y otros.

   Las condiciones oceanográficas del Pacífico colombiano están influenciadas por el aporte de agua de estos ríos, la presencia ocasional de aguas superficiales de la zona de surgencias de la ensenada de Panamá y de aguas subtropicales de la corriente del Perú. Dominan sin embargo aguas cálidas y superficiales de la corriente local de Colombia, que deriva siguiendo un curso flor-noroeste. Alrededor de la Isla Gorgona y del islote de Malpelo no hay influencia de aguas continentales; el mar es relativamente transparente y cálido durante todo el año. También al norte, cerca de los acantilados costeros del Chocó.

   La franja litoral del Pacífico colombiano recibe la influencia de mareas de rangos muy amplios, que pueden llegar hasta 6 m, entre pleamar y bajamar. Cuando suben las mareas, se forma una especie de dique que represa los ríos y mezcla, periódicamente, aguas marinas y continentales sobre una vasta área de inundación. En los esteros, hasta donde llega la influencia de las aguas salobres, se desarrollan los manglares más productivos del hemisferio occidental. Además de su producción de hojarasca, que alimenta a crustáceos, moluscos y peces, la biomasa producida por el manglar subsidia la productividad pesquera de las áreas marinas de la plataforma continental. Sin los manglares, el Pacífico colombiano sería, muy probablemente un desierto verde-azul, un mar muy poco productivo.

   Detrás de la franja de manglar, se desarrolla el cuangarial, un bosque dominado por árboles de cuángare y sajo, en planicies de inundación que no están influenciadas por agua salobre. Después de esta asociación de plantas, en tierra firme, crece una selva muy húmeda, sobre colinas bajas y se extiende hasta una zona de transición ubicada a unos 1.500 metros de altura sobre las faldas de la cordillera Occidental Más arriba, hasta casi los 4.000 metros de altura, se encuentra un bosque cubierto por niebla frecuente y compuesto por grandes árboles cargados de musgos y epifitas..

   Estas selvas conforman uno de los ecosistemas terrestres más productivos. Paradójicamente, se había desarrollado sobre suelos deslavados y estériles, que no almacenan materia orgánica. Los nutrientes están atrapados en animales y plantas y se reciclan rápidamente; el suelo aporta mi poco más que el soporte físico para que arraiguen las plantas.

   Comparado con la selva amazónica, en el Chocó biogeográfico hay menos trepadoras y bejucos; pero el número y la diversidad de plantas leñosas es mayor. La riqueza en hierbas y epifitas herbáceas, en musgos y epifitas vasculares confiere al sotobosque de las tierras bajas chocoanas el aspecto de un bosque nublado, excepcionalmente verde y cargado de epifitas.

   Las grandes palmas: Jessenia, Socratea, Iriartea, Wettinio, con frecuencia son las especies arbóreas más comunes. El Chocó encierra la mayor diversidad de palmas del mundo. Muchas familias de plantas de las zonas andinas alcanzan niveles muy bajos en la cordillera Occidental de los Andes, particularmente en la vertiente del Pacifico, tal es el caso de las Ericácea. Muchas familias de plantas amazónicas, ascienden hasta muy al-te en las montañas del piedemonte chocoano.

   En áreas pantanosas del norte del Chocó, se desarrollan los cativales, una asociación donde dominaba el cativo, árbol de madera muy apreciada. Cubrían originalmente unas 360.000 hectáreas. La mayor parte de ellas fue talada por madereros, sin prever la capacidad de regeneración natural de los ecosistemas.

   Aunque en el Chocó se encuentran las mismas familias y géneros de plantas que en otras selvas suramericanas, la diversidad de especies y el alto número de endemismos resultan extraordinarios. En un bosque de ladera de unos 20 km, en territorio ecuatoriano cerca a Colombia, se han encontrado 90 especies de plantas endémicas. Más o menos el 20% de las especies en la Serranía Tacarcuna-Ma]i, en la frontera con Panamá, son exclusivas de la zona. Cada excursión al piedemonte dela cordillera Occidental reporta nuevas plantas desconocidas e imposibles de identificar con la nomenclatura sistemática actual. La gran mayoría de los endemismos son epifiticas, arbustivas o herbáceas. Si cada parcela semi aislada tiene sus propias especies, como se ha venido constatando, deben existir aún miles de especies de plantas desconocidas.

   El Pacifico colombiano fue declarado zona de reserva forestal, en 1959. Había, en aquel entonces, 9’906.000 hectáreas de bosques naturales. En 1981, sólo quedaban 6’410.000 hectáreas. La tasa de deforestación ha sido de 159.000 ha/año. En 1990, la cobertura estimada máxima era de 5’138.000 ha. Otra década bastaría para arrasar los bosques restantes, al ritmo actual de deforestación.

   Las especies más explotadas han sido: cedro, sande, tángare, peine mono, macharé, cuángare, sajo y cativo. También el mangle y el nato han sido objeto de explotación para extracción de sustancias colorantes y madera; el mangle rojo arde aún estando biche. Los extensos cuangariales del Pacifico colombiano han sido diezmados después de 30 años de explotación maderera mal planificada.

   La fauna terrestre es muy diversa, no así la fauna de los cursos de agua dulce. La presión de cacería y pesca ha sido intensa. La danta de América Central, por ejemplo, que estaba distribuida probablemente en toda la franja costera del Pacifico colombiano, ha desaparecido. Los puercos de monte, que durante muchas generaciones fueron alimento de los indios embera y wanamas, ahora son muy escasos. En ríos como el Iscuandé, el Micay, el Patía, donde abundaban los peces, ahora resulta difícil pescar.

   Tradicionalmente, el Pacifico colombiano fue poblado por indios embera y noananiá. Aunque se han realizado pocas prospecciones arqueológicas, los vestigios cerámicos y los arrumes de conchas indican que la franja costera fue muy importante para los procesos de poblamiento y desarrollo de relaciones culturales entre el norte de América del Sur y América Central. Se distinguen dos extensas regiones arqueológicas: una al norte de la bahía de Buenaventura, en la costa acantilada y rocosa y otra al sur, relacionada con el ecosistema de manglares y esteros, con las amplias bocanas de los ríos del litoral y con las selvas en el interior. Se conocen asentamientos que datan desde el siglo II a.c, hasta la Conquista y la Colonia.

   Actualmente el litoral Pacífico está poblado principalmente por negros, descendientes de los que trajeron de Africa los españoles durante la Colonia para explotar las minas de oro como esclavos. Hay también blancos, mestizos e indígenas.

   Las principales actividades económicas están relacionadas directamente con la utilización de la selva: extracción de madera, pesca, agricultura del coco y plátano y minería de aluvión en ríos como el Timbiquí, el Iscuandé y el Guapi.

   Los grupos indígenas actuales descienden de la familia lingüística Choko-Karib, que migró del alto San Juan-Atrato. Comúnmente se les denomina cholos. Los procesos de formación de aldeas alrededor de las escuelas de religiosos los ha sedentarizado. Son agricultores, cazadores, pescadores y tejedores de cestería. Antes dominaban amplios territorios; ahora ejercen también presión cada vez más intensa sobre los recursos naturales de áreas pequeñas. Actualmente hay alrededor de 30.000 indígenas de las etnias embera y noanamá, en la vertiente del Pacífico colombiano.

   El estado actual de conservación de la región del Chocó es preocupante. En el bajo Calima, una de las zonas de mayor diversidad florística del mundo, se han talado más de 30.000 hectáreas. Los términos de referencia entre la empresa explotadora de maderas del área y el Estado colombiano continúan vigentes, mientras los estudios de regeneración natural de las selvas tropicales demuestran que no hay un sólo ejemplo en el mundo, de grandes áreas de selvas deforestadas que hayan recuperado su estructura florística y la integridad de sus procesos ecológicos originales.

   El sistema de Parques Nacionales protege la biota de la Isla Gorgona, que se había conservado más o menos en buen estado, por su aislamiento geográfico y por haber sido isla-prisión durante más de dos décadas. Protege también el área de Munchique, que abarca la vertiente oeste de la cordillera Occidental, hasta el alto río Micay, el cual se encuentra amenazado por colonización y la construcción de una carretera que espera unir a López de Micay con Popayán. Farallones de Cali protege un área importante de selvas que casi desde los 4.000 m descienden hasta más o menos 500 m.

   La diversidad biológica de la región del Chocó biogeográfico está muy amenazada; la gestión para su conservación es una prioridad mundial.

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