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El Caribe Colombiano, una extensa porción de tierra llana, húmeda en su extremo occidental y muy seca en su porción oriental. Al norte limita con el cristalino mar Caribe y por el sur recibe los ríos Magdalena, Atrato y Sinú entre otros, que vienen serpenteando los valles interandinos y se derraman en sábanas y ciénagas antes de su llegada al mar.
Con la Sierra Nevada de Santa Marta en la zona norte, comprende una accidentada geografía, con bellísimos y mágicos parajes que la hacen única.
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DEPARTAMENTOS QUE ABARCA:
Córdoba, Sucre, Cesar, Magdalena, Bolívar, Atlántico, Guajira y parte de Antioquia y Santander.
LIMITES:
Desde las costas del mar Caribe hasta las estribaciones de la cordillera de los Andes.
EXTENSION:
151.118km2
PORCENTAJE DEL TERRITORIO QUE OCUPA:
9% del territorio nacional.
SUBREGIONES:
• Sabanas del Caribe y Valle del Sinú: Zona muy fértil ubicada al sur, en las estribaciones de la cordillera Occidental. posee el liderazgo de la producción ganadera del país. Su territorio recibe abundantes lluvias de mayo a octubre.
• Sierra Nevada de Santa Marta: De gran riqueza ecológica, se alza desde el nivel del mar hasta la máxima altura del pico Cristóbal Colón, a 5.775 metros.
• La Guajira: Al sur se encuentran territorios cultivables y al norte es desértica. En esta zona se encuentran igualmente las minas de carbón de El Cerrejón y las de sal de Manaure.
• Déltica magdalenense: Llanura aluvial de suelos fértiles. Además de la agrícola, se destaca la explotación pesquera.
• Depresión momposina: Su cultivo principal es el arroz. Está conformada por las desembocaduras de los ríos Cauca y San Jorge en el Magdalena. Es una región plana. Sus pastos fomentan el desarrollo de la ganadería.
CARACTERISTICAS GENERALES:
Al norte de Colombia, entre el Golfo de Urabá y la Serranía de Perijá se extiende una llanura cálida, húmeda en su extremo occidental y muy seca en su porción oriental. Al norte limita con el mar Caribe. Del sur recibe los ríos Atrato, Sinú y Magdalena, que vienen de los valles interandinos y se demoran en sabanas y ciénagas antes de ir al mar. También, los ríos Aracataca, Ranchería y Don Diego, que bajan de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Interrumpiendo la llanura del Caribe en su porción central, prácticamente desde la línea costera, se levanta la Sierra Nevada de Santa Marta, un impresionante macizo montañoso que alcanza casi 6.000 metros de altura. En el extremo noreste, en la Alta Guajira, se alzan una serie de serranías menores: La Teta, Jarara y Macuira. Las cordilleras andinas se proyectan también sobre las tierras bajas del Caribe colombiano, formando serranías bajas, como Avive, San Jerónimo, Ayapel, San Lucas, Perijá y los montes de Oca. Además, se encuentran algunas colinas de rocas ricas en carbonato de calcio, que se formaron bajo el mar y emergieron en épocas recientes, como la Serranía de San Jacinto y el Cerro de la Popa.
Dos de las estrellas hidrográficas más importantes del país pertenecen a la vertiente del Caribe: la Sierra Nevada de Santa Marta y el Macizo de Paramillo. En la frontera con Panamá, la Serranía del Darién forma un arco cubierto por espesas selvas; es la porción más húmeda del Caribe.
La costa colombiana sobre el Caribe recibe la influencia de los vientos alisios del noreste, que los navegantes llamaron vientos del comercio, pues al formarse en las zonas de alta presión atmosférica del Océano Atlántico y soplar hacia el trópico desviados arrastraban las embarcaciones de vela desde Europa hasta las Américas. Estos vientos, a su paso por el Caribe, se cargan con la humedad proveniente de la evaporación del agua marina. Cuando llegan a la llanura costera, encuentran un frente de baja presión atmosférica, es decir aire caliente que asciende, y siguen tierra adentro, saturado de vapor de agua.
Al tropezar con las montañas Macuira, la Sierra, el Darién y Perijá, estas masas de aire cargadas de humedad ascienden y se enfrían. Se forma entonces una zona de convección: el agua que transporta el aire en forma de vapor se enfría, se condensa y se precipita como escarcha o lluvia, o es atrapada directamente de las nubes y la neblina por la vegetación de los bosques y el páramo, que actúa como superficie de condensación. Gracias a este fenómeno, las sierras y serranías de la llanura del Caribe son como oasis en el desierto; el clima de las tierras bajas es extremadamente cálido y llueve muy poco, mientras que en las montañas es frío, frecuentemente nublado y muy húmedo.
Tanto el Macizo de Paramillo, como las serranías de Macuira, Perijá y la Sierra Nevada de Santa. Marta reciben, en sus costados norte y oriente, la humedad que traen los vientos alisios desde el Caribe. Sus vertientes opuestas son menos húmedas, pues las montañas funcionan como gigantescos paraguas; atrapan la humedad en una de sus vertientes mientras la otra se mantiene relativamente seca. Este fenómeno se conoce con el nombre de sombra de lluvia.
Hacia el occidente, durante el invierno sur, cuando disminuye la presión de los vientos Alisios del noreste, el Caribe colombiano recibe la influencia de vientos del suroeste, que se forman alrededor de la Península de Yucatán (México) y llevan mucha humedad hacia las serranías del Darién, de Avive, de San Jerónimo y de Ayapel, convirtiéndolas en los parajes más húmedos del Caribe colombiano.
La llanura del Caribe está dominada por vegetación de tipo xerofítico y subxerofitico, compuesta por matorrales espinosos y árboles de hojas más o menos pequeñas, gruesas y fuertes, algunas de las cuales caen durante la época más seca dejándolos desnudos. Las plantas deben utilizar sus propias reservas de agua, o alcanzar los depósitos subterráneos, porque la evaporación es mayor que el aporte de las lluvias. En playones costeros con influencia salina se desarrollan enredaderas, icacos y algunos mangles.
Los ríos que surcan la llanura del Caribe favorecen la formación de corredores de bosque ribereño. En las lagunas de inundación crece una vegetación flotante mezclada con juncos y con araceas anfibias y pasto grama lote. En los esteros, donde se mezclan aguas marinas y continentales, sobre fondos someros de lodos y arenas, se establecen los manglares.

En las laderas, por debajo de los 500 m.s.n.m. se desarrolla un bosque seco, con trupillos, resbalamonos, guásimos y algunos cactus. Más arriba, la humedad permite el desarrollo de un bosque siempre verde, con abundantes epifitas. En laderas protegidas de los vientos dominantes, en la Sierra Nevada, la selva de piso térmico templado es muy exuberante. Abundan las palmas y el número de epifitas es muy alto. Por encima, el bosque está expuesto a vientos fríos y persistentes y sus árboles son bajos y achaparrados.
Arriba de los 3.600 m se encuentra el páramo, dominado por frailejones y pajonales, plantas con adaptaciones para soportar bajas temperaturas y, en algunos casos, para atrapar humedad del aire. Sobre los 4.500 m entre los arenales y rocas fragmentadas por acción de los glaciares, la vida apenas florece en rincones protegidos de los vientos helados. A 4.800 m en la Sierra Nevada de Santa Marta, comienzan los glaciares. Sobre la nieve sólo viven algunas algas microscópicas.
En las llanuras submarinas de la plataforma continental cerca de la superficie, se forman praderas de pastos marinos. Bajo las aguas cristalinas, sobre fondos rocosos y bien iluminados, se desarrollan arrecifes y tapetes coralinos.
Los animales y plantas de la llanura del Caribe tienen afinidad con los de los valles secos andinos. Posiblemente, durante los períodos glaciares, con un clima mucho más seco que el actual, hubo desiertos y bosques secos a lo largo de los valles interandinos, en los Llanos Orientales y en la Costa Norte de Colombia, Venezuela, Guyanas y Brasil. Estas condiciones permitieron la dispersión de algunos animales y plantas resistentes a ambientes cálidos y secos.
En épocas más lluviosas, durante los interglaciares, las selvas y los pantanos se expandieron y los desiertos y bosques secos dejaron de ser continuos, se fragmentaron y formaron ambientes aislados en los pocos lugares donde el clima se mantuvo cálido y seco.
Después del levantamiento del istmo centroamericano, hace poco más de dos millones de años, las tierras emergidas de América del Norte y América del Sur se unieron y los animales y plantas de la región Neotropical (América del Sur), que habían evolucionado en aislamiento durante 60 ó 70 millones de años, entraron en contacto con los de la región Neártica (América del Norte), originarios del Viejo Mundo. Animales y plantas terrestres se dispersaron en ambos sentidos; del norte vinieron venados, puerco espines, conejos, salamandras, roedores como guaguas y ratas espinosas; del sur, marsupiales, ranas, lagartos, serpientes... La Serranía del Darién fue epicentro de este intercambio de organismos. Su gran diversidad biológica es la más alta de toda la franja del Caribe colombiano.
Antes de alejarse de los Andes para ocupar suposición actual, la Sierra Nevada de Santa Marta fue poblada por animales y plantas provenientes de las montañas andinas. Por esta razón, comparte con los Andes organismos de origen antiguo. Después, las tierras bajas del Caribe aislaron a los organismos adaptados a los ambientes frescos y húmedos de las laderas, de tal manera que se frenó la colonización de la Sierra por parte de animales y plantas terrestres de los Andes. Los robles y los osos de anteojos, por ejemplo, que originarios de la región neártica, poblaron los Andes después de la formación del istmo centroamericano, no alcanzaron a colonizar la Sierra.
A partir de las poblaciones de animales y de plantas de la Sierra Nevada de Santa Marta y de la Serranía de la Macuira, aisladas por las tierras bajas del Caribe, de las poblaciones de los Andes, formaron muchos endemismos, es decir, especies y subespecies cuya distribución se restringe sólo a algunas áreas muy limitadas.
Las condiciones oceanográficas del Caribe no son menos diversas que sus ambientes terrestres. Toda la franja costera está influenciada por el desplazamiento estacional de la zona donde convergen los vientos alisios de ambos hemisferios. Cuando ocurre el desplazamiento de la zona de convergencia hacia el sur, los vientos del noreste son intensos y persistentes y la corriente costera del Caribe lleva aguas superficiales en dirección suroeste. Cuando la zona de convergencia se desplaza hacia el norte, los vientos son débiles y de orientación variable. Entonces, se forma la contracorriente Panamá - Colombia y la franja costera recibe aguas provenientes de la porción suroeste del Caribe.
En costas de la Guajira y del Magdalena, a unos 180 Km. mar afuera, hay una zona de surgencias, es decir, un afloramiento de agua fría del fondo (150-200 m de profundidad), en la zona de convergencia de la corriente costera del Caribe y la contracorriente de Panamá. Estas aguas, que al parecer provienen de mares subtropicales y templados, y que viajan lentamente en las capas profundas del mar Caribe, llevan hasta cerca de la superficie una gran cantidad de nutrientes de los fondos marinos. Allí, en la zona fotónica (iluminada por la luz solar), son aprovechados por las algas planctónicas, y éstas, a su vez, sustentan una compleja cadena trófica. Algunas de estas algas pertenecen a géneros y especies característicos de mares templados y subtropicales, y constituyen por tanto una evidencia de la procedencia de las aguas del Caribe.
El aporte constante de agua proveniente de ríos tan caudalosos como el Atrato, el Sinú y el Magdalena, también contribuye a la diversificación de ambientes del mar Caribe, pues aportan un importante caudal de nutrientes que subsidia parte de la productividad marina.
El área insular del Caribe colombiano no recibe influencia continental y carece de surgencias importantes. La productividad de sus aguas es subsidiada por los arrecifes coralinos, como en las islas de San Andrés y Providencia. La región suroeste del archipiélago de las islas del Rosario, recibe, estacionalmente, la influencia de aguas continentales que provienen del canal del Dique. También, el lado sur de las islas de San Bernardo.
En mar abierto, la productividad depende dé cadenas tróficas de aguas profundas, que se fundamentan en la descomposición de la materia orgánica que se precipita a los fondos marinos.
La gran diversidad de características oceanográficas del Caribe colombiano permite el desarrollo de ecosistemas de playas y fondos arenosos, playas y fondos rocosos, manglares, praderas de fanerógamas marinas, arrecifes coralinos, estuarios, lagunas costeras, desembocaduras y ecosistemas pelágicos.
Los aborígenes aprovecharon esta oferta formidable de recursos, desde épocas precolombinas. En las ciénagas, ensenadas, vegas de los ríos y montañas del Caribe, se asentaron civilizaciones que alcanzaron un alto grado de madurez cultural. Hoy abundan sus vestigios arqueológicos y sobreviven algunos descendientes, que pertenecen principalmente a la familia lingüística Arahuak. En la Alta, Media y Baja Guajira, se asientan los wayúu; ijkas, samkas y koguis habitan la Sierra Nevada de Santa Marta; cunas y emberas, el valle del Atrato.
En la región Caribe, el Sistema de Parques Nacionales intenta proteger importantes áreas representativas de los ecosistemas marinos y terrestres. Katíos conserva un área de ciénagas, selvas de tierras bajas y selvas de colinas; Corales del Rosario protege arrecifes coralinos, manglares, bosques secos insulares y praderas de algas marinas; la Isla de Salamanca, manglares y relictos de bosque seco; la Ciénaga Grande de Santa Marta, manglares y comunidades estuarinas de fondos poco profundos; Tairona, bosque seco y ensenadas con arrecifes coralinos; la Sierra Nevada de Santa Marta, páramos, bosques de niebla y selvas de colinas; Macuira, un bosque enano nublado y los Santuarios de Fauna y Flora Los Flamencos y Los Colorados, ciénagas, y bosque seco y selvas de colinas bajas, respectivamente.
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