----- Colombia ----- Un Paraíso Por Descubrir ----




   Los Andes Colombianos comprenden un paisaje de colinas bajas, altas y empinadas montañas, volcanes, cañones, valles y altiplanos, que se levantan en la zona norte de Sur América.

   En la zona tropical de los Andes Colombianos, por cada 1000 metros de altura, la temperatura disminuye en 6°C, de tal manera que cuando se sube por sus escarpadas montañas es como si se realizara un viaje desde el calido trópico hasta las altas latitudes, y sus ecosistemas varían desde la selva húmeda hasta las altas montañas con nieves perpetuas.

DEPARTAMENTOS QUE ABARCA:

   Risaralda, Caldas, Quindío, Tólima, Huila, Cundinamarca, Boyacá, Santander, Norte de Santander y parte de Nariño, Cauca, Valle Cauca, Chocó Antioquia, Meta, Córdoba, Cesar, Casanare, Caquetá y Putumayo.


LIMITES:

   Se extiende por toda la parte central del país y en ella convergen los valles formados por los ríos Cauca y Magdalena y las tres cordilleras.


EXTENSION:

   282.450 km2


PORCENTAJE DEL TERRITORIO QUE OCUPA:

   La tercera parte del territorio nacional.


SUBREGIONES:

   • Zona de la cordillera Oriental: Localizada entre los altiplanos de Cundinamarca y Boyacá, se destaca por su variada producción agrícola y por el desarrollo de diferentes actividades industriales.

   • Valle del río Cauca: Se extiende entre las cordilleras Central y Occidental y constituye una de las principales zonas agroindustriales del país.

   • Montañas cafeteras: Centro industrial y principal zona cafetera del país. Comprende los departamentos de Quindío, Risaralda, Caldas y Antioquia.

   • Valle del río Magdalena: Se destaca por su producción ganadera, al igual que el departamento del Tólima.

   • Subregión del Catatumbo: Rica en yacimientos de petróleo, es una zona selvática bañada por los ríos Catatumbo, Oro, Zulia y Pamplonita.

   • Tierras del sur: Conformada principalmente por el Nudo de los Pastos y el Macizo Colombiano.


CARACTERISTICAS GENERALES:

   En Colombia, los Andes comprenden tres cadenas montañosas de orígenes diferentes e independientes entre sí: las cordilleras Occidental, Central y Oriental. Se extienden desde el macizo que se forma cerca de la frontera con Ecuador, hasta más o menos los 70 norte. Las separan los valles de los ríos Cauca y Magdalena y se elevan como una barrera entre las regiones amazónica - orínocense y la franja costera del Pacífico.

   La cordillera Occidental, la más baja de las tres cordilleras colombianas, está compuesta por material de origen oceánico de muy alta densidad parcialmente cubierto de sedimentos del fondo marino, su espesor alcanza sólo 20 ó 30 km. En sus entrañas hay algunos filones de cuarzo con vetas de oro que se formaron hace unos 100 millones de años y afloran en los lechos de los ríos. Una profunda falla, cubierta por sedimentos de hasta 2 km de espesor la separa del valle del Cauca. El valle del río Atrato, que se formó por la comatación de una antigua fosa sedimentaria, la separa del Pacifico y de las serranías de Baudó y los Saltos. Entre las cordilleras Occidental y Central se forman tres planicies: el valle del Cauca, el dintel de Popayán y la hoz de Minamá. A partir del macizo de Paramillo, en el extremo norte de la cordillera Occidental, se forman tres ramales montañosos: las serranías de Avive, San Jerónimo y Ayapel. Los ríos Sinú y San Jorge, de la vertiente del Caribe nacen en las selvas de esta compleja geografía.

   La cordillera Central es de origen volcánico. Sus 55 km de espesor están compuestos por rocas de tipo metamórfico, que descansan sobre andesita, un material muy caliente que alimenta la actividad de los volcanes. Es la más alta de las cordilleras colombianas. Algunas de sus cumbres permanecen nevadas durante todo el año, como los nevados del Huila, Tolima, Ruiz, Santa Isabel y El Cisne. Otras, se cubren de nieve durante algunas temporadas, como el Pan de Azúcar, el Sotará, el Puracé y el Galeras. En la actualidad, los volcanes el Ruiz, el Huila, el Puracé y el Galeras presentan gran actividad. Una falla grande y profunda bajo el valle del Magdalena separa las cordilleras Central y Oriental. En el páramo de las Papas, al sur, se originan cinco de los principales ríos que surcan el país; el Magdalena, el Cauca, el Patía y el Caquetá.

   En la cordillera Oriental se encuentran depósitos de areniscas, calizas y arcillas, formadas en los fondos de ambientes costeros y de alta mar. La cordillera Oriental es semejante a los Andes ecuatorianos por la presencia de una serie de planicies o sabanas más o menos uniformes y de extensos páramos, entre los cuales se encuentra el de Sumapaz, el más extenso del mundo. La más importante la irrigan los ríos Bogotá, Suárez y Sogamoso, que hacen parte de la vertiente oriental del río Magdalena. En su porción norte, a la altura del macizo de San Turbán, la cordillera Oriental da origen a dos serranías: la de Mérida, que se interna en el vecino país de Venezuela, y la de Perijá, que traza parte del límite colombo-venezolano.

   La diversidad de ambientes de los Andes es formidable. Además de las selvas de piedemonte, de los cinturones de bosques de laderas, de las altas montañas y de los páramos y superpáramos, hay algunos pequeños valles secos y áridos. Se encuentran en el alto valle del río Magdalena, en el cañón del río Chicamocha, en Sogamoso y en la Candelaria. También en el alto valle del Cauca y en los cañones de los ríos Dagua, Juanambú, Guáitara y Patía. La flora de estos ambientes es afín a la de la franja costera del Caribe, las áreas desérticas o semidesérticas de México y Ecuador, los valles interandinos de Perú, Bolivia, el oriente de Argentina y Uruguay y el sur de Brasil. Probablemente llegó durante épocas muy secas, a través de largos corredores semidesérticos de valles interandinos y de la costa Pacífica. En el alto y el medio Magdalena hay sabanas naturales, como las de Torres, Aguachica y la Gloria.

   La selva subandina ocupaba, a comienzos del siglo, casi toda la franja entre los 1.200 y los 1.800 m de altura; actualmente sobrevive sólo en algunos sectores escarpados y alejados de los centros urbanos. Su diversidad florística es muy alta y mezcla elementos de tierras bajas y altas; en aquel reino de niebla confluyen árboles del piedemonte amazónico y orinocense con los de la selva andina y alto andina, y con los de algunas formaciones de características particulares. El dosel alcanza unos 30 m, los estratos son poco definidos y la cobertura de epifitas es exuberante.

   La selva andina ocupa la franja entre los 1.800 y los 3.600 m. Sus árboles alcanzan no más de 25 m y presentan troncos cortos y retorcidos. Frecuentemente no hay más que un estrato arbóreo, cubierto de epifitas. Sobre el suelo se desarrolla un tapete de musgos y otras plantas briofitas. En algunos sectores, las características de los suelos determinan la presencia de bosques homogéneos, como los alísales y robledales, que ocupan sustratos pedregosos y superficiales. En algunos sectores dominan los encenillos, yen bosques en etapa temprana de sucesión, los sietecueros.

   El bosque alto andino se caracteriza por desarrollar un sólo estrato arbóreo de porte no mayor de 10 ó 15 m y dosel abierto, a veces con vegetación herbácea de páramo. Los musgos alcanzan su máximo desarrollo sobre el suelo. En la frontera con el páramo, en el subpáramo, domina un matorral de arbustos y pequeños árboles de la selva andina, salpicado de vegetación de páramo. Este ecosistema puede almacenar alrededor de 60 litros de agua por metro cuadrado sin considerar la abundancia de epífitas que cubren su estrato arbóreo, las cuales, guardan también grandes volúmenes de agua. Las bajas temperaturas, la intensa radiación ultravioleta, las heladas, constituyen condiciones limitantes para el desarrollo de los árboles y trazan sobre los 3.600 m el limite de las selvas andinas.

   Por encima del los 3.500 6 3.600 m s.n.m. se desarrolla el páramo; una asociación de plantas que se caracteriza por la ausencia de dosel arbóreo y la presencia de tres tipos fundamentales: frailejones, hierbas rasantes y arbustos bajos. Cada uno de ellos ha desarrollado adaptaciones para amortiguar las extremas fluctuaciones de temperatura que ocurren entre el día y la noche y para retener humedad y nutrientes. Son comunes los frailejones y senecios, los matorrales de árnicas, los chusquedales, la vegetación de turberas, pantanos y lagunas, los cojines de musgos, y los pajonales. La fauna es menos diversa que en los bosques, pero son comunes los endemismos debido al aislamiento geográfico de las alturas, que forma verdaderas islas ecológicas.

   Por encima del páramo, hay una zona de transición hacia los glaciares; es el límite de los seres vivientes. Sólo se desarrollan algunos musgos, frailejones, senecios y hierbas, en abrigos rocosos protegidos de los vientos helados. Más arriba reinan las nieves perpetuas, donde sólo sobreviven algunas algas pardas. Muchos ríos nacen de la fusión de estas nieves, en los extremos de las lenguas glaciares.

   Los Andes colombianos estuvieron ocupados por grupos indígenas que alcanzaron altos niveles de desarrollo en orfebrería, alfarería, organización social y manejo de los recursos naturales. La mayoría desaparecieron durante la Conquista y la Colonia española o se fundieron para dar origen a muchas formas del mestizaje.

   Además de la erosión genética ocasionada por la pérdida de especies de animales y plantas por destrucción de las selvas, aparte de la erosión de los suelos de las laderas lavados por las lluvias, en los Andes colombianos ha tenido lugar una inestimable erosión cultural. Actualmente sobreviven algunos descendientes de los aborígenes andinos, especialmente al sur, en Cauca y Nariño, pero las presiones de la economía de mercado y de la cultura de masas diluyen rápidamente su identidad cultural en una amalgama de subculturas prefabricadas por los medios masivos de información y legitimadas por las prácticas urbanas.

   La región andina concentra la mayor densidad demográfica de Colombia. Sus ciudades y poblaciones de mayor tamaño e importancia económica se encuentran en las montañas y valles de las cordilleras. En las laderas y en los valles interandinos se desarrollan también las principales actividades agropecuarias y algunas explotaciones mineras, particularmente de oro de aluvión y esmeraldas. La presión sobre los frágiles ecosistemas de los Andes, es en consecuencia, muy intensa. Una de las prioridades de la gestión para la conservación de la vida silvestre en el país, es la preservación de las últimas selvas andinas y de los últimos refugios de páramo.

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