----- Colombia ----- Un Paraíso Por Descubrir ----




    La Amazonía Colombiana comprende una de las extensiones de tierra mejor conservada de la patria. La selva es un sistema de reciclaje de materia y energía, sus animales y plantas compiten por una cantidad limitada de recursos.

   Sin embargo, su acción de conjunto es una paradoja de cooperación que permite la vida en común. Hay bastantes relaciones de mutuo beneficio, un gran ejemplo de convivencia y adaptación.

DEPARTAMENTOS QUE ABARCA:

   Caquetá, Putumayo, Guainía, Guaviare, Vaupés y Amazonas.


LIMITES:

   Con la Orínoquia, al norte; con los ríos Putumayo y Amazonas, al sur; con Brasil, al oriente; y con la cordillera Occidental, al occidente.


EXTENSION:

   315.000 km2.


PORCENTAJE DEL TERRITORIO QUE OCUPA:

   29% del territorio nacional.


SUBREGIONES:

   • Andina de piedemonte amazónico: Sus bosques contienen una importante reserva maderera.

   • Putumayo y Amazonas: Presenta grandes extensiones de selvas. Es recordada por la explotación del caucho en los albores del siglo XX.

   • Caquetá y Apaporis: Densamente selvática como la anterior, en su territorio habitan varias tribus indígenas.

   • Vaupés: Sus suelos son poco fértiles en comparación con las otras subregiones.


CARACTERISTICAS GENERALES:

   El clima del Amazonas está determinado por el desplazamiento estacional de la zona de convergencia de los vientos alisios de ambos hemisferios. La masa de aire ecuatorial continental, que los vientos alisios desplazan hacia el norte entre enero y junio y hacia el sur entre julio y diciembre, se caracteriza por su alto contenido de vapor de agua, que casi alcanza los niveles de saturación y su temperatura superficial más o menos constante, con variaciones que no exceden los 50ºC.

   Estas características hacen que el vapor de agua que transporta se condense con gran facilidad y se precipite en forma de lluvias. En ocasiones, cuando la masa ecuatorial continental alcanza suposición más septentrional, durante el invierno antártico, penetran cuñas de aire frío subtropical. Este fenómeno, que causa las heladas en Brasil, se conoce en Colombia con el nombre de “friaje” y puede hacer descender la temperatura de la Amazonía hasta los 15ºC o 18´ºC.

   Durante la temporada de lluvias, la planicie amazónica se convierte en un verdadero mar de agua dulce; cuando suben las aguas se confunde la frontera entre los ríos, caños, lagunas y ciénagas. Sólo las tierras más altas quedan a salvo de las inundaciones. Muchos peces entran entonces a las selvas inundadas y se alimentan de los frutos que caen.

   A lo largo de más de 6.000 km, el río Amazonas recibe las aguas de más de 1.000 afluentes. Del norte recibe el Pastaza, el Napo, el Putumayo-Issa, el Caquetá-Japura, y el Guainía-Negro. Desde el sur, el Marañón, el Ucayalí, el Juruá, el Purús, el Madeiras, el Tapajós, el Xingú y el Pará. Su caudal abarca la quinta parte del agua fluvial del mundo. Frente a Leticia, un kilómetro separa sus orillas durante la temporada de aguas bajas y en algunos sectores alcanza 11 km en verano y 56 durante la temporada de lluvias. Cada segundo, el Amazonas entrega 90.000 metros cúbicos de agua al océano. Los ríos amazónicos son una fuerza geológica formidable. Constantemente erosionan las antiguas rocas, acarrean arenas y cantos, transportan partículas en suspensión, arrastran troncos, y forman extensos depósitos de sedimentos.

   Los ríos se caracterizan de acuerdo a la calidad de los suelos que drenan. Los estudios clásicos los clasifican como ríos de aguas negras y ríos de aguas blancas. Esta distinción, sin embargo, resulta de poca utilidad, pues en realidad, en la Amazonía hay ríos de aguas color crema, verdes, rojizas, ámbar, negras, cristalinas. Sobre lechos arenosos fluyen los ríos de aguas negras. Los ácidos de los suelos de origen orgánico les dan color ámbar y la pérdida de luz bajo el agua, los hace parecer negros. Sobre suelos aluviales ricos en arcillas corren ríos que transportan grandes volúmenes de materiales en suspensión y presentan un aspecto lechoso; les llaman ríos de aguas blancas. Entre la extraordinaria diversidad de peces de los ríos amazónicos se encuentran los bocachicos, las tolombas, las pirañas, las cachamas, la traira, el pez perro, los grandes bagres, el candirú, el pirarucu, la arawana, los cíclicos y los gupis.

   En los raudales de los ríos de aguas negras crecen praderas de Urtkularia sp., las cuales quedan emergidas y florecen cuando bajan las aguas.

   Sobre el complejo mosaico de suelos de la Amazonia se desarrolla la selva más grande y diversa del mundo. Su estructura y composición florística son muy semejantes a las de otras selvas suramericanas, pero su numero de especies arbóreas es mucho mayor. Su cantidad relativa de epifitas es en cambio menor. Un alto porcentaje de sus plantas leñosas es endémico.

   De acuerdo al grado de inundabilidad y al grado de desarrollo y complejidad, las formaciones vegetales de la Amazonia se han clasificado como selvas de tierra firme no inundables (hylea), selvas inundadas (varzeas e igapos), sabanas y pequeñas áreas cubiertas de vegetación especializada (pirizal, burutizal, restinga).

   En la hylea, la selva se desarrolla sobre terrazas altas, no inundables, que se formaron con depósitos de arcillas amarillas y rojizas de cierta fertilidad.

   En los pantanos de inundación abundan las palmas de Mauritia flexuosa y Mauritella aculeata, y cuando la lámina de agua es mas profunda, los lotos gigantes. En las orillas dominan las hierbas y los arracachos. Donde las inundaciones no son excesivas se forman asociaciones de gran diversidad de plantas.

   Sobre afloramientos de la placa de Guayanas se desarrollan sabanas casmófitas. En estas islas biogeográficas en lugar de pastos, predominan plantas semejantes a juncos. Los arbolitos que crecen en estos ambientes son achaparrados y xeromorfos y aprovechan las fracturas de las rocas y las depresiones para enraizar. Ensabanas inundadas la mayor parte del año dominan las palmas de los géneros Mauritia y Mauritella.

   En Colombia, hay sabanas amazónicas en Chiribiquete, sobre las mesas de Araracuara, en el alto Cahuinarí, en el alto Yarí y en algunas zonas del Guainía.

   Al sur del río Orinoco en Venezuela, al oeste de Guyana, sureste de Colombia y norte del Brasil, se levantan, en medio de cientos de miles de kilómetros cuadrados de sabanas y selvas, complejas series de mesetas que fácilmente alcanzan 2.000 m. de altura. Los indígenas denominan a las más altas, tepuyes; maravillosos mundos perdidos los llaman los novelistas. Las cascadas más altas del planeta se precipitan desde sus abismales balcones; algunas de las simas más misteriosas encierran pequeñas selvas en sus entrañas. En las profundas fracturas de las rocas, sobre sus cimas rocosas, en los arenales de las depresiones, en las comisas, en los muros, se establecen comunidades de plantas altamente especializadas.

   En Colombia las mesetas amazónicas sólo alcanzan alturas de 840 m en Chiribiquete, de 1.000 m en Naquen y de 1.500 m en Macarena. Sus fisonomías son sin embargo extraordinarias; hay gigantescas mesetas con paredes verticales, montañas-islas con cimas redondeadas, semejantes a melones partidos, mesas cortadas por tajos de varios kilómetros de largo, chimeneas, simas, colinas.

   Como en las plantas, la densidad y diversidad de animales varía también de acuerdo a las condiciones de inundabilidad y a la calidad de los suelos. Hay mayor densidad de vertebrados en la Amazonia occidental, en selvas que se desarrollan sobre suelos aluviales, relativamente fértiles. En las selvas del escudo guyanés, donde son frecuentes los afloramientos de rocas y los incipientes suelos son muy pobres en nutrientes, es menor la densidad.

   Entre los animales característicos de la Amazonia se encuentran las dantas, cuyos antecesores llegaron posiblemente haciendo parte de la mega fauna de mamíferos del supercontinente de Gondwana; los gigantescos caimanes negros que pueden alcanzar la talla de un pequeño dinosaurio, ¡hasta 8 m de largo!; las anacondas, capaces de tragarse un venado entero; los monos de cabeza colorada, cuya distribución abarca sólo una pequeña área de la Amazonia central; los paujiles, que cantan ruidosamente sobre las palmas en épocas de reproducción; las guacamayas, que alegran la selva con sus colores y sus gritos; los piuríes, al parecer habitantes especializados de las grandes islas de los ríos amazónicos; los tente, probables descendientes de las grandes aves corredoras que se extinguieron durante el Pleistoceno en las llanuras orientales.

   La selva es un sistema de reciclaje de materia y energía. Sus animales y plantas compiten por una cantidad limitada de recursos. Sin embargo, su acción de conjunto es una paradoja de cooperación que permite la vida en común. Hay relaciones de mutuo beneficio, como las que establecen algunas plantas de la familia de los yarumos con hormigas: las plantas ofrecen albergue a salvo de las inundaciones, las hormigas atacan a cualquier insecto defoliador que se arrime y eliminan las plantas competitivas alrededor; relaciones de control de poblaciones como las que establecen las serpientes del género Bothrops con los pequeños roedores, o los gavilanes del género Herpetopteres con las serpientes; relaciones entre aves frugívoras como los paujiles y plantas que necesitan dispersar sus semillas; entre hongos que fijan fósforo (micorrizas) y raíces que almacenan nitrógeno; entre plantas que sintetizan alcaloides tóxicos y larvas de insectos que los asimilan; entre hormigas defoliadoras y hongos que requieren crecer sobre trozos frescos de hojas, bajo tierra.

   Los relatos de los viejos aborígenes de la Amazonia remontan los orígenes de sus etnias hasta los albores de un tiempo mítico. Aquel pasado brumoso, donde lo real y lo mágico se confunden, sugiere que sus pueblos han caminado por las selvas y sabanas durante varios miles de años. Es claro que de sus observaciones se ha sedimentado un cuerpo de conocimientos muy vasto, que les ha permitido sobrevivir en una serie de ambientes naturales extremadamente complejos, sin más herramientas que el fuego, el barro, los troncos ahuecados sobre los cuales navegan, algunas varas con las puntas endurecidas y sobre todo, su saber.

   Las diferentes oleadas migratorias han llevado a la Amazonia los estilos de vida de la sociedad occidental. Muchos indígenas, deslumbrados por la velocidad de los motores fuera de borda, por las plantas eléctricas, por el alcohol y la fortuna súbita del minero, olvidan la sabiduría con que sus ancestros utilizaron los recursos de la selva; los viejos se quedan sin estudiantes y su saber, depositario de una experiencia milenaria, se pierde irremisiblemente. La deforestación de la Amazonia erosiona el banco genético del planeta; desaparecen animales y plantas. La muerte de cada viejo indígena erosiona la cultura; desaparecen las alternativas de manejo de la selva que maduraron durante miles de años.

   Para la conservación de áreas representativas de los diferentes ecosistemas de la Amazonia colombiana, el Sistema de Parques Nacionales Naturales ha declarado como tales a los parques Amacayacu, en el trapecio amazónico; Cahuinarí, en la cuenca que baña el río del cual toma su nombre; La Paya, en el interfluvio entre el Caquetá y el Putumayo; Chiribiquete, en una zona de extraordinarios tepuyes; Tinigua, en el legendario corredor del río Duda; la Serranía de la Macarena, el tepuy más occidental, en los limites entre las sabanas orinocenses y las selvas del Guaviare, y las Reservas Naturales de Nukak y Puinawai, que hacen parte de la estructura geológica del escudo guyanés, en el medio y alto río Inírida.

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